Ahora que estoy subiendo las fotos me doy cuenta que hice una versión en montañas nevadas, cuando llevaba un colorante verde que le iba a dar la ilusión de una campiña en primavera; en fin, lo cierto es que estamos en diciembre y aunque no neva en Culiacán (dudo mucho que algún día suceda), me gusta más como se ve nevado. Por cierto la anécdota que hay que recordad es cómo se obtuvo el tren que adorna el pastel, ya que fue toda una exhaustiva búsqueda por Mercado Libre hasta que dar con el complemento adecuado: un silbato de plástico que me serviría además para adornar el pastel. Ahora mi pequeñito anda por la casa jugando con él y está a punto de pasar a sus juguetes favoritos.
Las criticas fueron favorables en cuanto al sabor (algo muy importante) y el diseño, y hasta hubo quien no me creyó que había hecho el pastel de mi pichirrín. Bueno, la muestra está y el original también. Lo mejor de todo es la satisfacción de haberle horneado su pastel y empezar así una tradición en nuestra familia.


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